Machismo en Internet

Flavia A. Limone Reina

 

Introducción

 

El siguiente artículo examina algunos aspectos de la producción y reproducción del machismo en la sociedad. En particular, analiza cómo se expresa el machismo en ciertos discursos. El marco teórico para este análisis es multidisciplinario y combina ideas de los estudios de género, análisis del discurso y teoría de la ideología. Los textos que se usan como datos se buscaron en internet. La epistemología feminista socio-construccionista será un trasfondo evidente (espero). Originalmente, este texto fue redactado como trabajo de asignatura en el marco del Doctorado en Psicología Social de la UAB, aproximadamente en el año 2000. La siguiente versión corresponde a una revisión hecha en octubre de 2005.

 

El machismo, considerado aquí como los comportamientos (actitudes, acciones y discursos) congruentes con el sexismo y el patriarcado, es diariamente reproducido por hombres y mujeres en una serie de prácticas sociales más o menos triviales. Practicas por medio de las cuales  se confirma la subordinación de las mujeres a los hombres. El discurso es una de ellas y contribuye a la reproducción del machismo de múltiples maneras. Un ejemplo bien conocido es el cómo habla un hombre machista a una mujer. En este caso, el abuso de poder masculino puede actuar directamente en el control del discurso y  en la marginalización de  la mujer, por ejemplo, imponiendo el tema, interrumpiendo la conversación de la mujer o humillando a la mujer por medio del uso de lenguaje denigrante o insultante  (Tannen, D. 1996)

 

Otra forma típica de discurso machista puede verse en cómo hablan los hombres acerca de las mujeres, especialmente con otros hombres. Tal discurso tiene varias funciones sociales; por supuesto, puede dominar o humillar a las mujeres, pero, sobre todo, puede mostrar a los otros congéneres que tan “hombre” es el que se expresa. Además, dicho discurso formula y reproduce persuasivamente la ideología patriarcal acerca de los géneros y la subordinación de la mujer. Esta es sólo una de las maneras en que, actualmente, los hombres aprenden a ser machistas. En este artículo, focalizo sobre este tipo de discurso. Sin embargo, de lo dicho anteriormente puede extraerse una idea errónea; el machismo no sólo es reproducido por los hombres. Podemos encontrar también –muchísimas- mujeres involucradas en su reproducción. Eso significa que no sólo debemos estudiar cómo se expresan los hombres sobre género, relaciones y poder, sino también las mujeres (sin caer en el extremo machista que explica –como única causa-  la reproducción de dicho fenómeno a través de las conductas maternas).

 

Los textos fueron extraídos de internet  básicamente por dos razones: razones prácticas, ya que esta es una fuente de material de fácil acceso y lectura que no requiere de trabajos previos como la transcripción y que son difundidos abiertamente con la intención de influir sobre las ideas ajenas. Por otra parte, es una nueva forma de comunicación y difusión de ideas que merece atención.

 

Objetivos

 

El objetivo central de este trabajo será detectar la presencia de machismo en los textos hallados en internet y poner en evidencia así que, lejos de lo que suele pensarse, aún en los tiempos que corren y en una estructura tan moderna como la red computacional el machismo sigue siendo evidente.

 

Para llevar a cabo este  trabajo se analizarán cinco textos obtenidos de internet bajo las palabras: machismo, machista, mujer, feminismo. Se trata de textos que se encontraban en la red en enero del año 2000 y publicados entre 1996 y 1998.

 

 

Marco Teórico

 

El discurso machista como manifestación de la ideología patriarcal.

 

Un primer paso que parece necesario es buscar una definición del concepto "machismo". De acuerdo al Diccionario de la Real Academia de la Lengua Española el machismo es: “actitud de prepotencia de los varones respecto de las mujeres” (RAE 1992: 910). Según esta definición sólo los hombres podrían ser considerados machistas. Nuestra definición de machismo es un poco más amplia y entendemos por tal las actitudes, acciones y discursos consecuentes con un sistema social (S. s./g.) en que  los géneros son jerárquicamente organizados de tal manera que los hombres son quienes detentan el poder y las mujeres son subordinadas.  Vistas así las cosas, el machismo no sólo estaría sustentado por varones (y no por todos ellos) sino también por mujeres. Es decir, por todas las personas que aceptan las creencias de la ideologia patriarcal. Muchas mujeres, socializadas en culturas patriarcales, consideran natural la diferenciación de roles que asigna a los hombres el papel de proveedores involucrados en el ámbito público y que las relega a ellas al de protectoras y responsables del espacio privado. Son partícipes de esta creencia y la reproducen en su quehacer diario como trabajadoras asalariadas o madres de familia y en sus discursos. Algunos hombres han cuestionado estas premisas, sienten que se trata de una práctica discriminatoria y no comparten la ideología.

 

Una tarea difícil, pero necesaria, parece ser aquí la de distinguir el concepto de machismo de otros afines. De especial relevancia nos parece la distinción que hace Victoria Sau en su Diccionario Ideológico feminista (2000) entre machismo y sexismo. Para esta autora, “el machismo lo constituyen aquellos actos, físicos o verbales, por medio de los cuales se manifiesta de forma vulgar y poco apropiada el sexismo subyacente en la estructura social. En el terreno sexual, por ejemplo, estos actos pueden ir desde el piropo hasta la violación, según los individuos. El machista generalmente actúa como tal sin que, en cambio, sea capaz de <<explicar>> o dar cuenta de la razón interna de sus actos. Se limita a poner en práctica de un modo grosero (grosso modo) aquello que el sexismo de la cultura a la que pertenece por nacionalidad y condición social le brinda”. En relación al patriarcado, tendríamos que definirlo como el imaginario social, el conjunto de “verdades rectoras” del S. s./g que contiene estos tres  subsistemas (patriarcado, sexismo y machismo). De modo gráfico, esto podría representarse de la siguiente manera:

 

 

                                                          

                                                      Patriarcado

                                                                                                                                                                                           

                                                      Sexismo

                                                                                                                                             S. s./g.

                                                     Machismo                                                                     

                                                          

 

 

 

 

 

 

 

 

Por otro lado, el patriarcado con todas sus manifestaciones está sustentado por una ideología y se manifiesta a través de prácticas sociales como la relegación de las mujeres al ámbito privado, la discriminación salarial, la violencia conyugal y variadas formas de discriminación y dominio. Otra práctica social relevante en la que ahondaremos más adelante es el discurso.

 

Centrémonos ahora en la ideología patriarcal que sustenta el machismo. Definir la ideología resulta muy complejo. Es por esto que hay múltiples definiciones diferentes. La mayor parte de ellas -pero no todas como veremos más adelante- coinciden en pensar que ideologías son algo que “tienen otras personas” y que se relaciona con creencias falsas (Eagleton 1991).

 

Podemos entender el comportamiento machista como alimentado por una ideología si se entiende por ella "la base de las representaciones sociales compartidas por un grupo" (Van Dijk 1999: 23).  El grupo al que nos referimos, está entonces constituido por quienes comparten las creencia patriarcales del S. s./g. Sin embargo, dado que he considerado el machismo como una manifestación práctica y concreta del sistema,  postulo que en él son más evidentes las emociones que de ideología (la relación entre machismo y emociones aparece tratada en otro artículo en esta misma página web).

 

De acuerdo a Coddeta (1990) una ideología cumple funciones en tres niveles, a saber, el cognoscitivo (puesto que simplifica la realidad para facilitar así su interpretación), el afectivo (ofreciendo apoyo y elementos de comprensión en situaciones de crisis) y  normativo (orientando el comportamiento político). Esto explica, también, que las ideologías sean tan difíciles de deconstruir puesto que producen una sensación de seguridad y marco de acción conocido.

 

La ideología, según Eagleton (1991) se relaciona con la legitimación del poder de un grupo social dominante. Este proceso de legitimación involucra, por lo menos, seis estrategias: un poder dominante puede legitimarse promoviendo creencias y valores que le son convenientes; naturalizando y universalizando tales creencias para hacerlas aparecer como autoevidentes y aparentemente inevitables;  denigrando las ideas que lo desafían; excluyendo formas rivales de pensamiento tal vez de forma tácita, pero sistemáticamente lógica; obscureciendo la realidad social de maneras convenientes para sí mismo. Estas seis estrategias interactuan de maneras complejas. Sin embargo, otros autores (van Dijk 1999) difieren en depositar las ideologías exclusivamente en los grupos dominantes y reconocen como ideológicas las organizaciones de las minorías para resistir a los grupos dominantes. Así, las ideas feministas también constituyen una ideología: una ideología de resistencia. Por esta misma razón, van Dijk no considera que las ideologías se relacionen con creencias falsas,  ya que dos posiciones opuestas –de las que se debiera pensar que una es falsa y otra verdadera a luz de la lógica- pueden ser consideradas ideológicas sin que se desprenda de esto una evaluación negativa.

 

La ideología patriarcal contiene en ciertas creencias que vamos a enumerar, al menos someramente:

 

-         Los hombres son racionales mientras que las mujeres son emocionales.

-         Los hombres están más capacitados para la vida pública y las mujeres más dotadas para la vida afectiva y privada.

-         Los hombres son más activos y las mujeres más pasivas.

-         Los hombres son más agresivos y las mujeres más pacíficas.

-         Los hombres tienen grandes necesidades sexuales mientras que las mujeres tienen poco o nulo apetito sexual (las mujeres aman, no desean).

-         Los hombres son físicamente fuertes mientras las mujeres son débiles.

-         Los hombres son ambiciosos; las mujeres, conformistas.

-         Los hombres son egoístas mientras que las mujeres son abnegadas y sacrificadas.

-         Los hombres son psicológicamente fuertes y las mujeres, vulnerables.

-         Los hombres son dominantes y las mujeres son sumisas.

-         Los hombres son independientes; las mujeres, dependientes.

 

Estas y otras creencias se manifiestan y reproducen en las prácticas sociales llamadas sexistas (si son institucionales) o machistas (si son (inter)personales) de las que hablamos, ya sea mediante acciones o bien, mediante discursos que buscan mantenerlas estables e incuestionables.

 

¿Cómo se manifiesta la ideología patriarcal en el discurso machista? Es poco probable que un hombre (o una mujer) declare abiertamente ser machista y, en consecuencia, produzca un discurso orientado a perpetuar la ideología. Sin embargo, sí se hace de manera encubierta o, incluso, de modo inconsciente.

 

Como lo manifiesta van Dijk (1999) entre las prácticas sociales basadas en la ideología, los discursos juegan un rol central, aún cuando no sean las únicas. Los miembros de un grupo requieren de la comunicación  para que una ideología nazca, crezca y se reproduzca.

 

Parker (1992) dice que el Discurso está formado por un sistema de oraciones y declaraciones que construyen objetos. De acuerdo al análisis de este autor, un discurso podría identificarse mediante diez puntos. No destacaremos los diez puntos puesto que esto carece de interés aquí, sin embargo, entre los criterios para el análisis del discurso me parece interesante destacar los últimos tres que Parker (1992) llama criterios auxiliares; se centran en instituciones, poder e ideología:

 

- Los Discursos soportan instituciones. Una práctica discursiva puede ser aquella que reproduce instituciones entre otras cosas. Un analista puede:

Identificar las instituciones que son reforzadas cuando este o aquel discurso es usado.

Identificar instituciones que son atacadas  o subvertidas cuando este o aquel discurso aparece.

-  Los Discursos reproducen relaciones de poder. Se puede hablar de discurso y poder al mismo tiempo. En este caso, el analista puede:

Observar qué categorías de personas se pierden o ganan con el uso del discurso.

Observar a quienes desea promover y quien podría querer disolver el discurso.

- Los Discursos tienen efectos ideológicos.

Sin embargo el análisis del discurso no siempre está relacionado con la ideología. La ideología en este caso es vista como una descripción de relaciones y efectos, y la categoría podría ser empleada para describir relaciones en un momento y periodo histórico particular. En este caso, el analista debiera:

Mostrar cómo un discurso se conecta con otros discursos que sancionan la opresión.

Mostrar cómo el discurso tiene en cuenta los grupos dominantes para hablar de sus narrativas acerca del pasado con el ánimo de justificar el presente y prevenir aquellos que usan discursos subyugados en la construcción de historia.

 

Si bien estas propiedades del discurso no, necesariamente, se aplican a todos, sí se aplican al discurso machista.

 

El discurso, en sus diferentes niveles, manifiesta las ideologías por medio de sus estructuras. Algunas de ellas (van Dijk 1996) son las siguientes:

 

-         Estructuras fonológicas (tensión, picos, volumen, entonación).

-         Estructuras gráficas (encabezados, caracteres en negritas).

-         El ordenamiento y el tamaño generales (primero y después, más alto y más bajo, más grande o más pequeño, preponderancia e inferioridad).

-         Estructuras sintácticas (el orden de las palabras, la topicalización, las relaciones de cláusulas: principal y subordinada, frontal o encastrada; construcciones divididas).

-         Estructuras semánticas (explícito vs. implícito, detalle y nivel de descripción, macroestructuras semánticas vs. detalles).

-         Estilo léxico (palabras de opinión negativa vs. positivas)

-         Retórica (sobre y subestimación, eufemismo, lítotes, repetición).

-         Esquemas o superestructuras (expresadas -o no- en categorías convencionales prominentes, por ejemplo, encabezados o conclusión, relato y argumentación).

-         Pragmática (aserción contra negación, autocomplacencia vs. acusación).

-         Interactiva (tomar su turno: autoselección y predominancia; mantenimiento y cambio de tópicos; comunicación no verbal: rostro y gestos).

 

Estas estructuras cumplen dos funciones: la de expresar las ideologías subyacentes por una parte, y  por otra, persuadir.

 

La estrategia global que organiza esas estructuras del discurso  ideológico es la presentación positiva del intragrupo y la presentación negativa del exogrupo. Esto suele hacerse sutilmente, más que directamente y se manifiesta en "una jugada semántica" (semantic move) o deslizamientos semántico (en la interpretación de Pérez y Zullo, 1999) (disclaimer) como negación aparente, énfasis del contraste, explicaciones, ejemplos,  concesiones aparentes, invocación de credibilidad, etc. evidentes en oraciones como “no soy machista, pero…”, “creo que las mujeres tienen los mismos derechos que lo hombres, pero…”.

 

La categoría central que podemos reconocer en un discurso ideológico es la de un "nosotros" opuesto a un "ellos", en que el intragrupo se presenta con todas las características positivas y el exogrupo con las negativas. En el caso que nos ocupa más que pensar en una representación positiva de los hombres contra una negativa de las mujeres debemos pensar en una representación positiva de "nosotros" los machistas (por supuesto, nunca autodefinidos con esta palabra) sean estos hombres o mujeres, contra la representación negativa y amenazante de "ellas", las feministas. El/la machista no es "antimujer", puede, incluso, destacar aspectos positivos de las mujeres y ve en ellas aliadas contra el grupo opuesto que está dado por las feministas y los que quieren un cambio en la situación social de las mujeres.

 

 

La perspectiva de género

 

Un proposición central de la ideología patriarcal es que las diferencias de roles entre hombres y mujeres son dadas por la naturaleza o bien son de inspiración divina. Muchas veces, esta es la forma en que se justifica la mantención del estado de cosas y de la desigualdad de derechos entre hombres y mujeres.  De acuerdo a Burin (1996), y  a Hernández (1998) los modos de sentir, pensar y comportarse de hombres y mujeres no tienen una base natural e invariable, sino que se apoyan en construcciones sociales basadas en características culturales y psicológicas asignadas de manera diferenciada a cada categoría. Así, "el género se define como la red de creencias, rasgos de personalidad, actitudes, sentimientos, valores, conductas y actividades que diferencian a mujeres y varones." (Burin, 1996). De acuerdo a la misma autora se ha producido en los países occidentales la puesta en marcha de dispositivos de poder materiales y simbólicos con el inicio de la Revolución Industrial  que ha dado lugar a dos ámbitos de producción y de representación social diferenciados: el doméstico y el extradoméstico. Se han generado así dos áreas: una para varones (el poder racional y el económico) y una para mujeres (el poder de los afectos). Esto derivó en una serie de prescripciones respecto a la "moral familiar" que suponía en las mujeres una subjetividad ligada a características emocionales como la receptividad, capacidad de contención y de nutrición (no sólo de los niños sino también de su pareja masculina). Estas características se asociaron a los roles específicamente femeninos como el de esposa (que suponía docilidad, comprensión, generosidad), el de madre (amor, altruismo, capacidad de contención emocional) y el de ama de casa (servilismo, receptividad y modos contenidos de agresividad y dominación como para estar a cargo de un hogar). Para Montecinos (1998) las "virtudes" consideradas típicamente femeninas (como fidelidad y abnegación) son hoy consideradas como símbolos de la subordinación. Todas estas  características son observables en los textos estudiados a continuación.

 

 

El análisis de los textos

(Los textos completos se presentan en un apéndice al final de este artículo)

 

Feminismo y delincuencia juvenil

 

En este texto la ideología patriarcal no queda expresada de manera explícita en ningún momento. Sin embargo, la tesis central es que existe una relación causal entre feminismo y la degradación de la juventud.

 

La presentación positiva de sí de la autora se hace patente en un disclaimer al manifestarse comprensiva, argumentando que si bien, muchas madres tienen que trabajar fuera de la casa, esto es muy distinto de considerar beneficiosa esta situación. Por otra parte, para mantener la autoimagen, se representa como víctima de  la agresividad feminista que le impide disentir. Por último, se presenta como interesada por la salud social, lo cual la ha impulsado a escribir el artículo.

 

Para presentar negativamente a las "otras", las feministas, es interesante también, notar como se usa la palabra ideología en su acepción más negativa, como si las ideologías fueran siempre caminos falsos y las exposiciones de los propios puntos de vista no fueran ideología sino "verdad". En este sentido, acusa a las feministas de ideológicas:

 

"Esta ideología se ha extendido con tal agresividad…"

 

"…la relación, a mi juicio evidente, entre esa ideología que promueve la aversión al hogar y la deserción del mismo…"

 

"… una ideología que pretende representar los intereses de la mujer…"

(las cursivas son mías)

 

Las acusa también de ser agresivas (y por lo tanto de carecer de la femineidad que implica que las mujeres no son agresivas) al decir que su ideología se ha extendido con agresividad y al decir que "la Maruja" es tratada con irrisión y desprecio.

 

Más adelante aparece la idea de la falta de honestidad por cuanto han inventado un mito (el de la superwoman, que demás está decir que no es un mito inventado por las feministas) y al decir que "se habla menos" (es decir se oculta) la relación entre feminismo y delincuencia juvenil.

 

Como recursos retóricos utiliza la pregunta retórica "¿Es este un beneficio real?" y la ironía al presentar trabajos rutinarios vs. educación de los hijos como si la primera actividad liberara y la segunda esclavizara (desde la supuesta perspectiva feminista).

 

La autora utiliza el recurso del discurso de la autoridad (o evidencialidad) para introducir su texto con datos estadísticos que muestran que la gente ha sido influida por la ideología feminista al manifestar que el 70% de los españoles considera beneficiosa la guardería. Dos veces más, utiliza la palabra evidente para justificar sus apreciaciones.

 

Desde el punto de vista léxico hay varias manifestaciones interesantes:

 

"muchas madres tienen que trabajar fuera de casa" para destacar que esto sólo debe hacerse cuando es necesario por razones de economía familiar, pero no como una vía de desarrollo personal. De ser así, el verbo sería "querer" y no "tener que".

 

"la guardería les sirve entonces de sucedáneo inevitable" para indicar que es una forma de reemplazo de la madre y no una institución buena en sí misma en cuanto permite la interacción con otros menores y la socialización más adecuada.

 

"… promueve la aversión al hogar y la deserción del mismo, y la degradación tan extendida…" todas palabras con una carga semántica muy negativa para asociar con el feminismo.

 

"una ideología que pretende representar los intereses de la mujer" se asocia nuevamente a la falta de honestidad o, por lo menos, a la confusión en que se encuentran las feminsitas que no logran representar lo que intentan.

 

Gráficamente se destacan las itálicas utilizadas para destacar palabras como pertenecientes a otros (las feministas) y no a la autora.

 

Finalmente, cabe destacar la omisión de la presentación de los hombres como padres que no parecen tener nada que ver con la educación de los hijos.

 

 

La mujer: parte imprescindible de la sociedad

 

En este texto encontramos una proposición ideológica explícita: cada sexo tiene un rol principal y uno secundario. El rol principal de la mujer sería la "tan noble tarea de crianza y educación de los hijos, la formación de la familia, célula básica de la sociedad, y la dedicación sacrificada a esta" (las cursivas son mías). El rol principal del hombre sería "el poder político, institucional y económico"

 

Aparecen aquí dos disclaimers: el reconocimiento de que la sociedad tiene "un fondo machista muy grande", pero que no puede ser combatido con un "feminismo extremo" y posteriormente el hecho de que los roles sexuales no son exclusivos (por lo tanto es deseable -y a veces, necesario-- que las mujeres trabajen asalariadamente así como que el varón participe de la crianza de los hijos), pero  que hay un rol principal y uno secundario para cada sexo.

 

El autor, Santiago Riobó,  caracteriza negativamente al feminismo por medio de un recurso retórico, una metáfora que compara el machismo con la obesidad y el feminismo con la desnutrición, poniéndolo así también en una situación extrema.

 

Desde el punto de vista léxico el texto es rico en palabras que intentan demostrar que el feminismo es el movimiento polar al machismo, por el cual, las mujeres se proponen dominar a los hombres (sin caer en cuenta de que lo polar al machismo sería una suerte de "hembrismo" -que podríamos suponer como la situación de la mujer por sobre el hombre- y lo complementario al feminismo  sería algo así como un "masculinismo" -que podríamos entender como una situación en que los hombres tienen derecho a desarrollarse integralmente). Algunas palabras que el autor usa para dar esta impresión de enfrentamiento de fuerzas (machismo vs. feminismo) son: desequilibrio insostenible, dominación (dominar), competencia encarnizada, guerra de los sexos, lucha sin sentido.

 

Es interesante, también, como intenta presentar la creencia patriarcal, ideológica, de que las mujeres tienen como rol principal la educación de los hijos por medio de palabras como "noble tarea" o "dedicación sacrificada". De esta manera se produce el efecto de dar valor a la tarea encomendada.

 

 

Hacia un verdadero feminismo

 

En este texto, la proposición ideológica explícita es que la mujer tiene dos vocaciones naturales: ser madre y ser esposa y que otras actividades que realice en la esfera social deben estar relacionadas con ellas y sus supuestas "capacidades naturales". Esto implica la desvalorización de  la situación de las mujeres que optan por formas de vida alejadas de estas "vocaciones naturales" y que deciden no casarse, ni tener hijos, ni trabajar en áreas que se relacionen con la educación y el servicio.

 

El autor presenta también, de modo más encubierto, y  como parte de la ideología conservadora en que podemos integrar el machismo,  una posición contraria al aborto cuando dice que ser madre es, entre otras cosas, "llevar con cierta abnegación las molestias de un embarazo, en algunos casos no deseado."; "el aborto, la prostitución y la pornografía son sólo algunos ejemplos de cómo nuestra cultura hedonista ha convertido a la mujer en un objeto de placer.";  "con la conciencia cargada de millones y millones de abortos.".

 

El texto está estructurado de manera que se presentan varias concesiones aparentes. Para presentarse como un sujeto que valora a las mujeres, el autor reconoce la importancia de estas en la sociedad y cita varios ejemplos de mujeres destacadas, luego, sin embargo, centra las actividades principales de las mujeres en la maternidad y su calidad de esposa.

 

Más adelante, utiliza el mismo "move" de concesión aparente para reconocer que ser madre conlleva ciertas tareas difíciles, pero -enfatiza- la maternidad no se restringe sólo a esto sino que presenta características de trascendencia.

 

De igual modo sucede con la función de esposa, en que reconoce, primero, las tareas rutinarias de dicha actividad, pero luego se centra -con un estilo retórico más elaborado- en su importancia trascendente.

 

Los ejemplos le sirven para fundamentar sus argumentos y cita a mujeres reconocidas del último siglo. El ejemplo destacado de Teresa de Calcuta nos lleva a concluir que el sacrificio y "dedicar la vida al servicio de los demás" son actividades privilegiadas para las mujeres.

 

Se puede observar una contradicción al citar a mujeres famosas, sin que ninguna de ellas lo haya sido por su calidad de madre o esposa.

La presencia de metáforas (vida de un hombre = libro; vida humana = teatro) permite al autor dar una calidad de trascendencia a las tareas que él considera privilegiadas para la mujer homologándolas no a tareas rutinarias sino a actividades que permanecen el tiempo (como escribir un libro o una obra de teatro).

 

El autor destaca cualidades naturalizadas como propias de la mujer:

 

Alocéntrica, posee un conocimiento intuitivo y una delicada sensibilidad,  capacidad de compresión, tenacidad, constancia, abnegación, capacidad de sufrimiento.

 

Finalmente aparece la deslegitimación de "ellas" (las feministas)  sin mencionarlas directamente, diciendo que han "varonizado" a la mujer y la han alejado de sus "vocaciones naturales". Se asocian con el movimiento,  el aborto, la prostitución y la pornografía (estas dos últimas, actividades que han dado lugar a amplias discusiones en los feminismos).

 

Una nueva concesión aparece al reconocer como legítima la defensa de los derechos de la mujer, pero centrarla en la recuperación de su "verdadera identidad" (patriarcalmente femenina) y se refuerza la idea de que las mujeres son quienes tienen a su cargo la educación (y redención) de la humanidad.

 

Es interesante destacar cómo el texto omite referirse a los hombres como poseedores de las "vocaciones naturales" de padre y esposo y deja la responsabilidad de la formación de la humanidad en manos de las mujeres.

 

 

 

Machista o machisto

 

Se trata de un texto que utiliza preferentemente el recurso retórico de la ironía (aunque también tiene formas de desprecio explícitas) para cuestionar los esfuerzos por el uso no sexista del lenguaje:

 

" Seguro que a estas altura las "lectoras", (salvo doctas excepciones), ya estarán pensando que soy un machista. Pues no. Protesto. Exijo que se haga la correspondiente diferenciación de sexos y que se me llame, en cualquier caso, machisto."

 

" (…) voy a tener que hacer un llamamiento público a Sus Señorías ¡vaya!, no había pensado yo en esta ambivalencia, ¡habrá que empezar por ella!, para que se dicte una Ley por la cual a partir de su promulgación a Sus Señorías masculinos se les llame "Sus Señoríos" y se reserve lo de Su Señoría para las féminas."

 

De este modo, se presenta a las feministas de manera abiertamente negativa diciendo que son estúpidas, que no poseen méritos para demostrar su valía, que tienen poca autoestima.

 

Desde el punto de vista léxico, el texto está cargado de palabras negativas para referirse a este cambio e el uso del lenguaje: snobismo, estupidez feminista, estúpidas alteraciones, escandalosa memez, etc.

 

Finalmente se recurre a una cita (de Einstein sobre cuyo machismo se ha hablado bastante) para validar sus opiniones acerca de lo estúpido que le parecen estos cambios en el lenguaje que operan para hacerlo más igualitario. Se trata, entonces, como ya hemos visto, de un argumento de autoridad o evidencialidad.

 

Del machismo feminista

 

Ya a partir del título este texto nos habla de la dominación de las mujeres (especialmente de las feministas) sobre los hombres que serían víctimas de esta situación.

 

Se representa a las feministas como mujeres que actúan basadas en la emoción y fuera de la razón.  Se las ridiculiza diciendo que sus actos son más emocionales que racionales al punto en que llegan a ser risibles (son además arbitrarias). Las feministas están ciegas por la emoción de haber "descubierto" (no ganado) su independencia y autonomía. Se utilizan diminutivos ("hermosas cabecitas") para desvalorizar a las mujeres.

 

Para justificar lo que el autor dice se vale de un ejemplo: una discusión entre él mismo y una amiga acerca de la infidelidad de la princesa Diana y del príncipe Carlos.  Se construye la situación de muerte de la princesa dentro un marco negativo situándola con su "amante" a altas horas de la noche y a gran velocidad en su automóvil de modo que queda definido muy lejos de las conductas típicamente femeninas que esta sociedad acepta.

 

Para ejemplificar la emotividad que dirige la vida de las feministas, explica que él no pudo terminar su argumentación (es decir, su juicio basado en la razón) cuando se vio interrumpido por el arranque pasional de su interlocutora.

 

Expone, entonces su calidad de víctima ante tal falta de consideración y se manifiesta positivamente como racional, dulce y tierno (aunque en guerra si atendemos al adjetivo “vencido”):

 

" Entonces, regañado, cabizbajo y un tanto deprimido pero aún no vencido, y como para intentar librarme de semejante condena, o insulto, o estigma, y queriendo extenderle un puente de cordialidad razonada que no fuera a dejarme sin su grata compañía por el resto de mis días, le reflexioné tierna, dulce y silbonamente al oído (…)"

 

Concluye de esto que las feministas consideran al hombre infiel como machista y a la mujer infiel como condenada por el machismo masculino. De este modo, los hombres siguen siendo, a su juicio, víctimas del poder (puramente pasional y sin argumentos racionales) de las feministas que pueden llegar a ser, incluso, agresivas.

 

“Esto, que lo escribo para mi Diario personal e íntimo, que es una reserva del sumario, ¿podré sacarlo a la luz pública, por ejemplo, en una columna periodística, sin quedar expuesta y en peligro mi integridad personal?

¿Sin que la lectora "desprevenida o reflexiva o ecuánime" me grite "machista" y me odie y me condene para siempre?

¿Sin que me saque los ojos?

¿Sin que me arañe?... "

 

Conclusiones

 

A través de los cinco textos analizados, espero haber podido demostrar cómo, al finalizar el siglo veinte y en un entorno tan moderno como la red computacional, circulan discursos que intentan mantener el estado de cosas dominante en la sociedad actual, esto es, la discriminación de los sexos que desavaloriza a las mujeres reconociendo para ellas sólo las características tradicionalmente consideradas femeninas y las sitúa jerárquicamente por debajo de los hombres. Se hace evidente que hay una fuerte resistencia contra el movimiento feminista descalificándolo como proveniente de mujeres irracionales y pasionales que pretenden destruir la familia y subyugar a los hombres.

 

Para llevar a cabo esta empresa se utilizan diversas estrategias discursivas; principalmente la presentación de sí como comprensivo/a, tolerante y moderno/a y la de "ellas" (las feministas) como ideologizadas, fanatizadas e irracionales extremas. Esto se manifiesta tanto en disclaimers como en el uso de estructuras retóricas, léxico específico, diminutivos, evidencialidad y omisión de información que podría llevar a un texto más equilibrado.

 

 

Bibliografía

 

 

Burin, Mabel (1996)                        : Género y psicoanálisis: subjetividades femeninas vulnerables. En Burin & Bleichmar (comp)  "Género, psicoanálisis y subjetividad", Ed.                             Paidós.

 

Codetta, Carolina (1990)                : La ideología política del Venozolano, Coediciones Universidad Simón

                                                           Bolívar, Venezuela.

 

Eagleton, Terry (1991)                    : Ideology: an introduction, Ed Verso, London.

 

Hernández R, Alfonso (1998)        : La Masculinidad ¿Poder o dolor? En Bourdieu, Hernández y Montencinos " La Masculinidad. Aspectos sociales y culturales" Ed. Abya-                                Yala, Ecuador.

 

Montencinos, Rafael (1998)           : Cambio cultural y crisis en la identidad masculina. En Bourdieu, Hernández y Montencinos " La Masculinidad. Aspectos sociales y                                    culturales" Ed. Abya-Yala, Ecuador.

 

Parker, Ian (1992)                            : Discourse dynamics. Critical analysis for social and individual psychology, Ed Routledge, London.

 

Pérez, S. y Zullo, J. (1999)              : Subjetividad, Discurso y género: una propuesta metodológica en A. Raiter y otros, Discurso y ciencia social. (pp.79-91) Buenos Aires: Ed.                   Universitaria

 

Real Academia Española (1992)   : Diccionario de la Lengua Española. Vigésima primera edición 

 

Sau, Victoria (2000)                         :Diccionario Ideológico feminista, Ed. Icaria, Barcelona.

 

Tannen, D. (1996)                            : La comunicación entre hombres y mujeres a la hora del trabajo. Buenos Aires. Vergara

 

Van Dijk, Teun (1996)                    :Análisis del discurso ideológico en "Versión. Estudios de Comunicación y Política", Nº 6, octubre, Universidad Autónoma Metropolitana -                        Xochimilco, México

                                  

Van dijk, Teun (1999)                     : Ideología. Una aproximación multidisciplinaria, Ed. Gedisa, Barcelona.

 

 

Apéndice: Textos originales

 

FEMINISMO Y DELINCUENCIA JUVENIL

 

Leo que según una encuesta casi el 70 % de los españoles cree beneficioso que sus hijos pequeños vayan a guarderías. Naturalmente, muchas madres tienen que trabajar fuera de casa y la guardería les sirve entonces de sucedáneo inevitable. Pero esto es una cosa y otra muy distinta que muchas madres consideren beneficioso el que sean extraños y no ellas quienes se ocupen de criar a sus hijos. ¿Es este un beneficio real?.

Se ha impuesto machaconamente la idea de que es mejor para la mujer emplear su tiempo principal en una cadena de montaje, o rellenando formularios en una oficina o haciendo de guardia de la porra, que cuidando de sus hijos y su casa. Por lo visto, lo primero la libera y lo segundo la esclaviza. Esta ideología se ha extendido con tal agresividad que un verdadero tabú impide expresar opiniones contrarias. El ama de casa, la maruja, es tratada con irrisión y desprecio, velado unas veces, desvergonzado otras. De paso se ha inventado el mito de la superwoman, generalmente mujer de negocios exitosa que también atiende y educa, no menos exitosamente a sus hijos. Un camelo, claro.

En cambio se habla menos de la relación, a mi juicio evidente, entre esa ideología que promueve la aversión al hogar y la deserción del mismo, y la degradación tan extendida entre buena parte de la juventud, con manifestaciones evidentes como la droga, el alcoholismo, la delincuencia y otras menos palpables, pero que forman ese pesado ambiente de desmotivación, trivialidad y macarrería en que viven hoy tantos jóvenes.

Seria bueno, a mi juicio, que los tabúes impuestos por una ideología que pretende representar los intereses de la mujer, empezaran a romperse, exponiéndose sus consecuencias y cuestionándose sus premisas. Creo que la salud social lo exige.

Maria Dolores Toval Leon

 

LA MUJER: PARTE IMPRESCINDIBLE DE LA SOCIEDAD.


En estos últimos días hemos escuchado hablar mucho sobre “la Mujer”, sus derechos, etc., debido a la reciente Conferencia Internacional de la Mujer realizada en Pekín, China; pero no es mi intención, ahora, analizar los pormenores de dicha conferencia, sino que deseo tratar algunos puntos que hacen a la adaptación de la mujer en la sociedad, en la cual es imprescindible.

-Machismo v.s. Feminismo

Debemos reconocer que nuestra sociedad tiene un fondo machista muy grande. Pero es increíble como se intenta revertir esta situación con un feminismo extremo, que no hace otra cosa que dañar a la sociedad misma y a la mujer insertada en ella, ya que se crea un desequilibrio insostenible que inevitablemente lleva a un choque entre estas dos posturas; es como, por ejemplo, querer solucionar la obesidad promoviendo la desnutrición, y lógicamente no hay organismo que aguante; exactamente lo mismo pasa en la sociedad. Ciertamente, “todos los extremos son malos”.
Tenemos que saber encontrar un punto medio, ya que ni el varón, ni la mujer tiene derecho, ni debe dominar al otro, sino que, por el contrario deben complementarse mutuamente para que de ese modo, juntos, trabajen en la construcción de una sociedad mejor.
No se trata de una competencia encarnizada para ver “¿Quién puede más?”, ni mucho menos de, como se ha llegado a decir, una “Guerra de los sexos”, estos hechos, como ya hemos dicho, sólo detienen y dificultan el progreso.

-Un rol en la sociedad.

El punto principal, y a mi juicio la raíz de esta lucha sin sentido, es un asunto común a los dos sexos, propio del ser humano, es el otorgarle al poder político, institucional y económico el grado máximo de importancia poniendo en un segundo lugar y discriminatorio la tan noble tarea de la crianza y educación de los hijos, la formación de la familia, célula básica de la sociedad, y la dedicación sacrificada a ésta.
Sin darnos cuenta que tanto lo primero como lo segundo son dos formas claras, distintas y complementarias de servicio a la comunidad y a la familia.
Cada sexo tiene características propias que lo hacen adaptarse a tomar determinados roles en la sociedad, lo cual no significa que le sean exclusivos, ya que también es imprescindible que la mujer participe del poder y de las decisiones y que trabaje (a veces esto es necesario económicamente); y que el varón participe activamente en la educación de sus hijos y la formación de la familia. Esto es bueno y necesario pero un error común puede ser el de no saber distinguir cual es el rol principal y cual el secundario en cada sexo.

 

Santiago Eduardo Riobó

 

HACIA UN VERDADERO FEMINISMO

 

La mujer tiene mucho que ofrecer a nuestro mundo.

Sin dudar, la mujer en este siglo ha contribuido de manera notable al progreso de la humanidad. Ejemplos como María Montessori en el campo pedagógico, Marie Curie en el científico, Gabriela Mistral y Rosalía de Castro en el mundo de las artes, y dentro de la política tenemos ejemplos como el de Indira Gandhi (India), Golda Meir (Israel), Corazón Aquino (Filipinas), Violeta Barrios de Chamorro (Nicaragua). Y no olvidemos a esa gran mujer de nuestro siglos que dedicara su vida al servicio de los demás: Teresa de Calcuta.
La mujer tiene mucho que ofrecer a nuestro mundo. Su perfil tan rico se emboza en sus dos vocaciones naturales que la capacitan para ejercer innumerables funciones en la sociedad: ser madre y esposa.

 

Las dos vocaciones

 

Mujer madre.
Ser madre no es sólo cambiar pañales, sufrir los dolores de un parto, llevar con cierta abnegación las molestias de un embarazo, en algunos casos no deseado. Esta es una visión reductiva de la maternidad.
Ser madre significa sobre todo estar llamada a ser el origen de la vida humana, ser punto de partida de una existencia. Es convertirse en el prólogo, introducción o primer capítulo de la vida de un hombre.
El seno materno es el inicio de una historia, de una biografía. Es por lo tanto el escenario de los primeros actos del drama de la existencia humana.
Pero la maternidad no es sólo concebir la vida humana, sino sustentarla y acompañarla en los primeros años de vida. Esto convierte a la mujer en educadora del hombre y de la humanidad. La transmisión de valores, la formación de la conciencia, la educación ética y religiosa han dependido durante siglos de la mujer.

Mujer esposa
Ser esposa no es lavar platos, ir de compras, limpiar la casa, aguantar los lloriqueos de los niños únicamente. Ésta, una vez más, es una visión distorsionada.
Es más acertado considerarla como una compañera del hombre. Alguien con quien compartir los momentos de gozo y los sufrimientos que la vida trae.
En la vocación de la mujer como esposa se realiza de una manera especial la vocación natural de todo hombre, varón y mujer, a entregarse a los demás. En cierta manera enseña al varón y le ayuda a que él sea también fiel a este llamado.

Como se puede apreciar, el amor es el denominador común de ambas vocaciones. Para cumplir su misión de madre y esposa la mujer está dotada tanto física como psicológicamente de una serie de cualidades.
Ella es ante todo alocéntrica, es decir, coloca el centro de su existencia fuera de sí y su vida cobra de manera espontánea sentido haciéndose don para los demás.
La mujer posee un conocimiento intuitivo y una delicada sensibilidad, que le permiten relacionarse con el mundo y con las personas de modo directo y profundo. Esto último acrecienta en ella su capacidad de compresión.
Hay otras cualidades como por ejemplo la tenacidad y la constancia, la abnegación, su capacidad de sufrimiento que terminan de enriquecer este perfil tan valioso.

 

La mujer en la actualidad

 

En las últimas décadas se ha intentado redefinir a la mujer buscando su lugar y misión en la sociedad. Esta aspiración no ha logrado realizarse plenamente.
Basta recordar a quienes defendiendo la igualdad de derechos entre el hombre y la mujer, no supieron distinguir la diversidad inherente en cada uno de ellos y se dedicaron a proponer una “varonización” del sexo femenino.
Algunas mujeres adoptaron costumbres masculinas en su comportamiento social, en su manera de vestir y de hablar. Con el tiempo se ha visto lo inadecuado de tal ensayo.
Pero lo más grave han sido las acciones directamente dirigidas contra las dos vocaciones naturales de la mujer.
El aborto, la prostitución y la pornografía son tan sólo algunos ejemplos de cómo nuestra cultura hedonista ha convertido a la mujer en un objeto de placer.
En esa búsqueda por redefinir el papel de la mujer, se ha caído en criterios lejanos al respeto a su dignidad como persona humana.

La mujer en la sociedad.
En esta búsqueda legítima por defender los derechos de la mujer, por abrirle más espacios en el mundo social y profesional vale la pena volver a las dos vocaciones naturales de la mujer, para que a partir de su verdadera identidad encuentre su lugar en la sociedad actual.
Su misión de esposa y madre la capacitan para ejercer innumerables funciones en la sociedad, como el de ser educadora, donde encuentra un lugar privilegiado de acción en las escuelas, institutos y universidades.
Su mente intuitiva, su constancia y tenacidad la hacen apta para la investigación científica. Y qué decir del mundo de las artes donde se puede hacer evidente su genio creativo.
Indudablemente hay una misión concreta que la mujer de hoy debe realizar. Ante un mundo saturado de conflictos bélicos, con la conciencia cargada de millones y millones de abortos cometidos, donde parecen prevalecer los valores de un cultura de muerte, la mujer debe reconciliar al hombre con la vida.

 

Rafael Fallos

 

 

MACHISTA O MACHISTO

 

Desde siempre (habría que recurrir a los filólogos para saber exactamente desde cuando), se ha usado en España, perdón, en este país antes llamado España, el vocablo juez indistintamente para referirse tanto a un hombre como a una mujer.

Pero últimamente, no se si por snobismo o pura estupidez feminista, se ha puesto de moda el uso del vocablo "jueza", para "aclarar" la diferencia entre el juez masculino y el femenino.

Si las feministas no poseen otros méritos para demostrar su valía, que recurrir a estas estúpidas alteraciones lingüísticas o contentarse con "pedir" una cuota de participación en los órganos de gobierno, lo siento por ellas ¡demuestran tener poca autoestima!. Los merecimiento se alcanzan, no se piden. No basta saber lo que hay que hacer, también hay que saber como hacerlo.

Seguro que a estas altura las "lectoras", (salvo doctas excepciones), ya estarán pensando que soy un machista. Pues no. Protesto. Exijo que se haga la correspondiente diferenciación de sexos y que se me llame, en cualquier caso, machisto.

Como no tengo el gusto (o el disgusto, quien sabe) de conocer a quien me representa en las Cortes, consecuencia de la partitocracia en que nos toca vivir, y que nos venden a los ingenuos como pura democracia, voy a tener que hacer un llamamiento público a Sus Señorías ¡vaya!, no había pensado yo en esta ambivalencia, ¡habrá que empezar por ella!, para que se dicte una Ley por la cual a partir de su promulgación a Sus Señorías masculinos se les llame "Sus Señoríos" y se reserve lo de Su Señoría para la féminas.

Posiblemente a los lectores esto les parecerá una escandalosa memez, y seguro que lo es y ¡no pequeña!, pero no tanto como lo de juez/jueza, porque en este caso nos queda el artículo para conocer si se refiere a un hombre a una mujer, lo que no ocurre con el "su señoría" que no nos lo aclara.

Otra petición que tengo que hacer públicamente a Sus Señorías/Señoríos, ya que no puedo hacerlo, repito, a través de la Señoría o Señorío que me representa en las Cortes porque no tengo ni puñetera idea de quien es, es que dicha Ley se aplique también a los Fuerzas de Seguridad para que cuando nos dirijamos a una agente ¿o debe decirse agenta? de la Autoridad, sepamos si hemos de llamarle alférez o alfereza, teniente o tenienta, guardia o guardio, policía o policio, etc. no crean que intentamos tomarles el pelo y nos ganemos inmerecidamente alguna multa.

Bien pensado creo debería empezarse la reforma por la Escuela de Periodismo. Si a sus alumnos/nas se les mandara a practicar el español un par de años, antes de darles el título, a cualquier pueblecito (no hace falta que vayan a sus universidades) de Colombia o Perú o Méjico o Centroamérica, por ejemplo, para aprender a hablar y expresarse, con la corrección y pulcritud fundamental e imprescindible en un periodista, y a elevar el nivel de su léxico, a lo mejor no hacía falta que intervinieran las Cortes.

Einstein decía que "Sólo hay dos cosas infinitas: el universo y la estupidez humana", pero debería haber añadido que la estupidez tiene sus ventajas: por ejemplo, la de no saber cuando se ha sido estúpido, pues el Hombre está siempre dispuesto a negar aquello que no comprende.

Juan Borrás (Gandia)

 

 

DEL MACHISMO FEMINISTA


No deja de ser arbitraria, normalmente, y a veces simpática y risible, excepcionalmente, la discusión que plantean cada vez con mayor ardor, con más regularidad y con más pelos parados en sus hermosas cabecitas, las mujeres que en nuestra época comenzaron el recorrido de la liberación femenina. Alteradas por ello, excitadas, ciegas por la emoción que causa el descubrimiento de su independencia, de su autosuficiencia, inmersas en las tinieblas de la ortodoxia feminista, lo rebaten todo, absolutamente todo, en un afán desmedido por afirmarse en su novedoso y delirante y exaltado status.

Recientemente, y a raíz de la muerte de la princesa Diana de Inglaterra, muerta en compañía de su amante egipcio a las dos de la madrugada en un vehículo que veloz atravesaba las calles de París, le anotaba yo a cierta muy apreciada amiga mi extrañeza por la conducta reiterada de infidelidad que Lady D. exhibió durante su vida. No habiendo terminado aún de exponer mis puntos de vista y sustentar mi juicio, mi muy feminista interlocutora me espetó muerta de la ira y al borde del colapso, como queriendo no abrirme los ojos sino sacármelos:

¡ Machista !

Entonces, regañado, cabizbajo y un tanto deprimido pero aún no vencido, y como para intentar librarme de semejante condena, o insulto, o estigma, y queriendo extenderle un puente de cordialidad razonada que no fuera a dejarme sin su grata compañía por el resto de mis días, le reflexioné tierna, dulce y silbonamente al oído:

Pero, claro, el príncipe Carlos también...

Y de nuevo me interrumpió, exasperada, con igual o mayor enfado:

¡ Claro, machista, tenías que ser !

No podía, en esta discusión moderna y tan de moda, sin dejar de ser "machista", fustigar a una mujer por infiel; pero tampoco censurarme a mí, y a los que conmigo han sido en este mundo tales, sin caer en el recurrente y veleidoso machismo.

Palo porque bogas, y palo porque no bogas.

En conclusión, para mi amiga, la vocera universal de las mujeres de ahora y de las que seguramente vendrán todavía más alborotadas y mejor sustentadas en el próximo milenio, el hombre infiel lo es por machista y a la mujer infiel no puede condenársela por ello, si no fuera por los ojos machistas del hombre.

Estando así las cosas y vista esta conducta de los seres humanos de tal manera desde la óptica feminista, sólo nos queda a los hombres doblegarnos, callar y esperar... Pero, eso sí, ir buscando en estos finales de siglo el refugio bíblico de las copas más altas de los árboles más frondosos que nos permitan sobrevivir medianamente en el siglo XXI.

Esto, que lo escribo para mi Diario personal e íntimo, que es una reserva del sumario, ¿podré sacarlo a la luz pública, por ejemplo, en una columna periodística, sin quedar expuesta y en peligro mi integridad personal?

¿Sin que la lectora "desprevenida o reflexiva o ecuánime" me grite "machista" y me odie y me condene para siempre?

¿Sin que me saque los ojos?

¿Sin que me arañe?...


Germán Uribe.