Definiendo “sexo” y “género”

Flavia Limone Reina

Psicóloga Social especializada en género

Sexóloga. Terapeuta de pareja


 


El proyecto “sexo y género” pretende incluir las siguientes páginas:

 


Comenzaré a trabajar en estas páginas en cuanto me sea posible. Por ahora, sólo está accesible aquello marcado como enlace 

 


 

 

¿Qué es el sexo?

 

Ya al momento de nacer se observan nuestros genitales y se declara: “¡Es una niña!” o “¡Es un niño!”. Parece evidente que eso somos, ¿no? Si has nacido con pene y testículos, pues se informará a tu familia que ha nacido un niño. Si has nacido con vulva, se les dirá que ha llegado al mundo una niña. Sin embargo, la cosa no es tan simple.

 

Según se sabe hasta ahora, cuando se produce la fecundación (se unen un óvulo y un espermatozoide para dar lugar a una nueva célula que comenzará a dividirse), el óvulo porta un cromosoma sexual llamado X. Si el espermatozoide porta un cromosoma sexual X, comenzará a formarse un embrión de hembra; si lleva un cromosoma Y, lo que se formará será un embrión de macho. Otra vez, sin embargo, nos topamos con que esto no es tan sencillo como parece. Dejando de lado lo complejo del paso de mórula (esas primeras células forman una  “mórula” cuando se van dividiendo) hasta feto y el hecho de que este proceso no siempre es viable ni siempre  sigue “correctamente” todos los pasos hasta el nacimiento de un bebé “sano”, hay otras complejidades que son las que aquí nos interesan.

 

No basta con que este nuevo ser vivo tenga una combinación de cromosomas sexuales XY para que  se desarrolle un macho. Esto depende, también, de que entren en juego las hormonas adecuadas.

 

En el embrión, se forman rudimentarios rasgos humanos, entre ellos, las gónadas (que serán, después, según el caso, ovarios o testículos). Las experimentaciones muestran que, si se extirpan las gónadas a un embrión, sea este XX o XY, lo que se formará será un feto hembra (que no podrá reproducirse, claro está). Es decir, que un embrión XY se convierta en un macho, depende de la presencia de andrógenos (hormonas masculinas). Si estas no intervienen en el proceso, se dará lugar a un hembra. Así las cosas, podemos aventurar que el “patrón de base” del ser humano, es un patrón de hembra. Ya ves, no sólo hace falta que esté determinado el sexo cromosómico (XX o XY), sino también que se desencadene el desarrollo del sexo hormonal (mayor presencia de andrógenos o mayor presencia de hormonas femeninas).

 

Contado así, parece que las mujeres, para formarse como embriones, no requirieran de las hormonas, pero eso no es verdad. Si las hormonas femeninas no están presentes en la cantidad necesaria, aunque se trate de un embrión XX, tendrá lugar un hembra, sí, pero puede que su apariencia y las funciones de sus órganos no lleguen a ser las que socialmente hemos construido como “femeninas”.

 

Si esta combinación de sexo cromosómico y sexo hormonal se da en armonía, los caracteres sexuales serán claramente definibles como de macho o de hembra (y eso es lo que suele suceder). Entonces, nacerá un bebé que se desarrollará como hombre o como mujer.

 

¿Así de “simple”? Pues no. Ser macho o ser hembra, queda definido de esta manera. Se habrá asignado un sexo al bebé. Sin embargo, que un bebé macho llegue a ser un hombre o un bebé hembra llegue a ser una mujer, es bastante más complicado que todo lo que se ha dicho hasta ahora.

 

Ya sabemos, ahora (de modo muy simplificado) qué es un macho y qué una hembra, pero… ¿para llegar a ser un hombre o una mujer, basta con haber nacido macho o hembra? Al parecer, la respuesta en nuestras sociedades es: NO.

 

Aquí entra el otro término que quizás, ya habías olvidado: el género.

 

¿Qué es el género?

 

Género es una palabra que se viene usando hace ya varios años para referir al hecho de ser considerad@s “femenin@s” o “masculin@s”. En la gran mayoría de las sociedades occidentales las personas somos calificadas como mujeres u hombres y se espera que las mujeres sean “femeninas” y los hombres, “masculinos”. Es decir, se han creado una serie de estereotipos para unas y otros.

 

Para que se te considere un “hombre” o una “mujer” no basta, al parecer, contar con ciertos rasgos sexuales. Además, se espera que tus comportamientos, modos de vestir, hablar, caminar, pensar, etc. sean propios de ese género. Si no es así, tus “calidad de hombre o “de mujer”, será puesta en duda.

 

Nuestras sociedades tienden a formar una tríada de constructos relacionados: macho/género masculino/orientación del deseo sexual hacia las mujeres; hembra/género femenino/orientación del deseo sexual hacia los hombres. Y resulta que no, que no siempre estos asuntos coinciden.

 

Ya estarás pensando, “¡Ah, bueno, sí! Hay hombres que sienten deseo sexual por otros hombres y mujeres que lo sienten hacia otras mujeres. Es que son homosexuales”. Ok, dejemos esa discusión para después (te adelanto que no creo que una persona SEA homosexual, heterosexual, bisexual, ni nada parecido. A mi entender, estos términos refieren a adjetivos; los comportamientos son homo, hetero, bi… sexuales. No son sustantivos, las personas no SOMOS una u otra cosa que debamos descubrir y a la que tengamos que adherir toda la vida). Si piensas así, pensarás también, probablemente, que un macho humano (un hombre), “femenino” o una hembra humana (una mujer), “masculina”, necesariamente es homosexual. Y no, tampoco esto es tan simple.

 

Como ves, lo que trato de decir es que ser humanos, no es cosa sencilla y que calificarnos como perteneciendo a “categorías definidas” (macho/masculino/que siente atracción sexual hacia mujeres y hembra/femenina/que siente atracción sexual hacia hombres) es una gran estafa. Lo peor, a mi parecer, es que esta mentira nos la hemos creído y nos hace daño. Genera desigualdades porque se cree que de manera “natural” somos diferentes, así, en bloques (dos y dicotómicos: polares, complementarios y jerarquizados) y genera mucho malestar cuando no calzamos, en parte o en absoluto, en ellos. Además, como nos lo creemos, actuamos en consecuencia (sin pensarlo ni saber si se adecua a lo que necesitamos en cada momento) y reproducimos la impresión de que esto es así, “natural” e “inmodificable”.

 

Desde hace algunos años las feministas (y los feministas, que también hay hombres que lo son) venimos insistiendo en que el género es una construcción social. Esto significa que las personas, las culturas, las sociedades han definido “lo femenino” y “lo masculino” y que, dado que hace ya siglos que los comportamientos y discursos han producido y reproducido estas ideas, ya nos parece que siempre ha sido así y no puede ser de otro modo. Incluso, hay muchas personas que sostienen que “mujeres y hombres somos diferentes porque así lo ha querido el creador” o bien “porque es nuestra naturaleza”.

 

No voy a cuestionar qué es natural y qué no (o qué es aprendido y qué no). No me interesa. Ser seres humanos es “no ser puramente naturales”;  si así fuera, seríamos iguales a l@s primates. Ser “seres humanos” es ser producto de la mezcla entre cultura y naturaleza. Eso es una característica propiamente humana. Por lo mismo, no ocuparé tiempo en diferenciar qué en nosotr@s se debe a la naturaleza y qué a la cultura. Eso es prácticamente imposible de saber y, aún si se supiera, no nos serviría de mucho. ¿Es más importante o mejor “lo natural” o “lo cultural”? Es un juicio de valor que, a mi entender, carece de relevancia.

 

¿Qué me importa, entonces? Me importa lo que es adaptativo, lo que nos permite a tod@s vivir mejor y más felices. Tengo la impresión clara (y para entender por qué la tengo, puedes ver algo de mis investigaciones en mi página personal) de que los géneros que constituyen “identidades” hegemónicas que impiden desarrollar todas nuestras posibilidades humanas. Los hombres han de ser “masculinos” (perdiendo así muchas oportunidades: de ser débiles, de llorar, de mimar y ser mimados, de temer, etc.) y las mujeres hemos de ser “femeninas” (perdiendo así muchas oportunidades –e, incluso, derechos legales-: de ser ambiciosas, asertivas, sexualmente activas sin tener que justificarnos “por amor”, etc.).

 

Creo que es importante que podamos liberarnos de estas subjetividades hegemónicas y reconocernos, simplemente personas, seres humanos diferentes y diversos un@ a un@. Sin embargo, todavía hoy, en el siglo XXI, atreverse a ser un hombre o una mujer que no calce en los estereotipos creados para el género al que se supone que pertenecemos, se paga en sanciones sociales, rechazo, críticas, etc. Adecuarnos a estos estereotipos, no facilita mucho las cosas tampoco. Los estereotipos son eso, son idealizaciones, fijaciones de cómo debiéramos ser y nunca conseguimos adecuarnos del todo a ellos. Esto significa que nos sentimos, en muchas ocasiones, inapropiad@s, inadecuad@s, “no suficientemente buen@s”... Que “no damos la talla”, vamos, y eso se vive como malestar (a veces como culpa; otras, como rabia; en ocasiones como impotencia, dolor, etc.).

 

Usualmente, cuando sentimos este malestar, tendemos a asumir que “estoy mal”, “no soy normal”, “no soy adecuad@”. Sin embargo, lo que está mal, lo que no es “normal”, lo que no es adecuado, es el estereotipo en que nos han hecho creer que debemos calzar.

 

Ahora bien, sería fácil asumir (y así se había hecho hasta hace poco tiempo), que el sexo sí que es una “realidad biológica”. ¡Esto no puede ser una construcción; sería absurdo creer algo así! Es evidente para quién mire, que hombres y mujeres tenemos, por lo menos, genitales diferentes. OK, estoy de acuerdo (no soy ciega, ni carezco del sentido del tacto), nuestros cuerpos son diferentes (aunque ya hemos visto que no siempre la línea divisoria que hemos inventado es tan clara. Tod@s tenemos la experiencia de haber visto personas de las que no sabemos con certeza si son hombres o mujeres hasta que podemos hablarles o tomar contacto con ell@s. A veces, incluso, una persona no sabe que genéticamente es macho, por ejemplo, hasta que, dado que no llega nunca la menarquia –la primera menstruación-, las pruebas informan a l@s médic@s de que, aunque su aspecto sea totalmente femenino, cromosómicamente es un hombre… ¡ya te imaginarás como puede sentar algo así en nuestras sociedades!).

 

Hombres y mujeres, como pseudogrupos, compartimos con otros hombres, los primeros, y otras mujeres, las segundas,  similitudes físicas. Sin embargo, también es verdad que hay gente de ojos claros y gente de ojos oscuros, por ejemplo, pero no por eso hemos creado dos pseudogrupos a los que se han asociado características psicosociales diferentes. En este sentido el sexo es, también, una construcción social. Se ha escogido UNA característica para convertirla en LA característica, aquella que define a una persona desde su nacimiento y hasta la tumba.

 

Entiendo el sexo, por lo tanto, como una construcción social basada en características fisiológicas y bioquímicas. Entiendo el género como una construcción social de subjetividades hegemónicas complementarias para hombres y mujeres, que son causa y consecuencia de nuestros lugares en el mundo.


Sin embargo, "sexo" no refiere sólo a ser macho/hembra... apuesto a que sabes otro significado para la palabra "sexo". ¿Sí? Pues aquí hay un enlace al sexo como comportamiento sexual.


Tampoco el género se reduce a lo que he podido explicar aquí... ¿quieres saber más sobre esto? Aquí habrá (prooonto, lo prometo), un enlace que nos lleve a comprender un poco sobre género y su construcción social.